¿Tu vocación o equivocación?

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Terrible dedicarte a algo que no te gusta, pero ¡Cuidado! No te confundas. Sentirte mal
en tu trabajo no siempre es por haber hecho una mala elección. Aprende a distinguir.
Normalmente, tomamos las decisiones más importantes de nuestra vida cuando todavía
somos muy jóvenes: ¿Qué voy a estudiar?, ¿Con quién me voy a casar?, ¿Tener hijos o
no?, etc. A ello, sumamos aquellas presiones sociales y familiares, que nos llevan, con el
pasar de los años, a darnos cuenta de que su resolución no fue la mejor y en la parte
laboral se descubren dedicándose a algo que no les apasiona.

Ejemplos: hay varios, algunos médicos eligieron su carrera porque el papá, el abuelo o
un tío cercano, fueron doctores exitosos; actuarios que eligieron su carrera porque les
gustaban las matemáticas; varios son veterinarios, basados en que les agradan mucho
los animales y muchos pilotos de avión eligieron eso porque les encanta viajar. ¿Fue esa
la mejor forma de decidir?

Piensa en esto: vas a estar trabajando aproximadamente 40 años (de los veintitantos a
los sesenta y tantos), al menos ocho horas diarias, uno que otro fin de semana y varias
desveladas, obedeciendo a uno o más jefes, compitiendo, capacitándote, certificándote,
luchando todos los días y… ¿Tendrás que pasar por todo eso mientras haces algo que
realmente no te apasiona? Tienes que amar lo que haces porque a veces requiere tanto
sacrificio que, si no lo amas, no lo vas a aguantar; Steve Jobs decía esto o algo parecido.

Primero, es importante que te des cuenta de que, si en tu trabajo actual sientes
frustración, enojo o desilusión, no significa necesariamente que hayas elegido mal,
recuerda que de forma natural deseamos lo que no tenemos, pero, además, esos
sentimientos pueden deberse a otros factores (mala relación con el jefe, mal ambiente
laboral, falta de crecimiento) y no tiene que ver con tu carrera u ocupación.
Entonces ¡ten cuidado! Si no estás a gusto en tu labor no necesariamente significa que
hayas errado la profesión, pero pon atención a estas señales:

  • ¿Qué te fascina aprender? ¿Qué te interesa? Por mucho que te guste algo, hay
    una diferencia entre lo que te gusta y lo que te importa. Tu vocación está en la
    intersección de ambas.
  • ¿Qué podrías enseñar a los demás? ¿Qué experiencias, conocimientos o
    herramientas te gustaría compartir con otras personas? A veces viene de algo que
    dominas (lo haces muy bien), otras veces viene de algo a lo que le pones “tu
    toque” (nadie lo hace como tú) y a veces (no siempre) viene de un reto propio que
    has superado o estás en el proceso (y quizá esa sea parte de tu misión en la vida).
  • ¿Cuáles son tus talentos naturales? ¿Cuáles son tus conocimientos y
    habilidades? ¿Qué herramientas has adquirido simplemente porque querías
    aprenderlas? ¿Qué entrenamientos has tomado?
  • ¿Qué crees que las demás personas necesitarían aprender? ¿Qué sabes tú
    que les podría ayudar a otros?
  • ¿En quién te gustaría convertirte? ¿A quién admiras? Piensa en alguien, ya sea
    vivo o muerto, ya sea una persona o un personaje ¿Por qué lo admiras? Elige a tu “role model” muy cuidadosamente, porque si te dedicas con pasión, terminarás
    convirtiéndote en tu propia versión de ese individuo.

Si lo que estás haciendo genera valor a los demás (a tus clientes, a tus compañeros, a tus
equipos, a tus jefes, a la sociedad, etc.), eso le dará más vida y energía a tu pasión.
Podrías hacerlo, aunque no te pagaran (pero mejor que lo hagan), te encanta aprender
sobre ello, hablar de ello, hacerlo, enseñarlo a los demás y ser ejemplo para otros.

Entre más ames tu trabajo, más energía le pondrás, más lo disfrutarás y más éxito
tendrás. Nada sería peor que hacer algo que no te apasiona y nada es mejor que hacer lo
que amas: querrás hacerlo aun después de jubilarte; de hecho, te “jubilarás” de inmediato,
porque hacer lo que amas no es trabajar, ¡es algo que disfrutarás casi tanto si estuvieras
de vacaciones permanentes!

  • De manera personal, mi caso descubrir mi vocación por una equivocación, decidí
    estudiar gastronomía por mis papás y porque tenía que estudiar algo, en el
    transcurso de la cerrera me di cuenta que la cocina no me gustaba y era algo que
    no me llenaba personalmente, sin embargo se veían temas administrativos y
    contables y me di cuenta que me emocionaba y disfrutaba ver esos temas, al culminar la carrera se me da la oportunidad de trabajar en un hotel en el área administrativa y gracias a ese trabajo me di cuenta que disfrutaba todo el tiempo que para mí pasaba ahí. Decidas estudiar lo que decidas no define lo que realmente te llena profesionalmente, muchas veces las equivocaciones te abren
    camino a lo que realmente quieres.

Pon especial atención a cómo te sientes, porque la pasión se siente y la vocación se vive.

 

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